Resolviendo problemas complejos con las 11 leyes del pensamiento sistémico

En mi artículo anterior, “La Búsqueda de la Simplicidad”, resalté la importancia del pensamiento sistémico para lograr la simplicidad. Sin embargo, este tema da para mucho más. Al aplicar el pensamiento sistémico a diferentes situaciones, también empezamos a reconocer la existencia de patrones universales de comportamiento. Como resultado, desarrollamos buen juicio, el cual es fundamental para la solución de problemas complejos.

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Peter Senge, en su libro “La quinta disciplina”, nos ofrece su propia versión de estos patrones universales de comportamiento, los cuales llamó Las 11 leyes del pensamiento sistémico. A continuación encontrarán cada una de estas leyes seguida de una breve explicación basada en mi experiencia como consultor, coach e investigador.

1)        Los problemas de hoy se derivan de las “soluciones” de ayer

Los problemas de hoy, curiosamente, son causados en parte por las soluciones que implementamos para resolver los problemas de ayer. Por ejemplo, la producción industrial de alimentos de hoy permite alimentar a millones de personas que de otra manera morirían de hambre; sin embargo, el uso de preservativos, colorantes y nitratos en la producción industrial de alimentos plantea riesgos inéditos para la salud. En general, dado que la mayoría de las soluciones no son definitivas, la clave del éxito radica en nuestra capacidad para redefinir la realidad y cambiar nuestro comportamiento con frecuencia.

2)        Cuanto más presionamos a un sistema, más nos presiona éste de vuelta

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Producir cambios exige esfuerzo. Cuando alguien sugiere o impone cambios en la forma en que hacemos las cosas, la mayoría de nosotros responde con resistencia en forma de agresión o indiferencia. Sólo cuando nos proporcionan los incentivos y argumentos necesarios, nos abrimos para cambiar nuestras costumbres. Este proceso generalmente toma tiempo, por lo que debemos tener paciencia, compromiso y humildad como parte de la estrategia.

3)        La conducta mejora antes de empeorar

En la mayoría de los casos, la gente crea nuevos problemas sin darse cuenta. Es decir, mientras hacemos nuestro trabajo bien en diversos ámbitos, podemos estar sembrando al mismo tiempo las semillas de futuros problemas. Así que, cuando dichas semillas finalmente germinan, nos encontramos de repente con un problema inesperado que parece contradecir lo bien que iban las cosas.

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4)        Las salidas fáciles suelen llevar al mismo lugar

Según lo establecido en mi artículo anterior, “La búsqueda de la simplicidad”, lograr la simplicidad es muy diferente a ser simplista. La simplicidad es el producto del trabajo arduo, mientras que ser simplista es la evasión del trabajo arduo en un intento ingenuo de lograr la simplicidad por casualidad. Por lo tanto, la simplicidad conduce al éxito, mientras que ser simplista suele conducir al fracaso.

5)        La cura puede ser peor que la enfermedad

Cuando somos simplistas y nos dejamos llevar por la ansiedad, generalmente tomamos decisiones que comprometen nuestro bienestar y empeoran cualquiera sea el problema que queremos solucionar. Al ser simplistas hoy, podemos crear problemas futuros mucho peores.

6)        Cuanto más rápido, más lento

El simplismo es la ilusión de haber alcanzado la simplicidad sin haber conquistado el entendimiento necesario. Así que, al ser simplistas, terminamos moviéndonos más lentamente como consecuencia de querer avanzar más rápido.

7)        La Causa y el efecto no están próximos en el tiempo ni en el espacio

La mayoría de los problemas tienen sus causas fundamentales en el pasado y en alguna parte insospechada del sistema que afectan. Una migraña recurrente puede tener su causa principal en malos hábitos posturales de larga data. La inestabilidad política de algunos países de América Latina puede encontrar algunas de sus raíces en la luchas de poder entre grandes potencias de Occidente y Oriente. Ya se trate de un cuerpo humano o del mundo entero, los componentes internos de un problema se afectan entre sí a través del tiempo y el espacio en formas dinámicas. Por lo tanto, se requiere de observación y análisis detallado para comprenderlos de manera adecuada.

8)        Pequeños cambios pueden producir grandes resultados; sin embargo, las zonas de mayor apalancamiento a menudo son las menos obvias

Como expuse en mi anterior artículo, “La búsqueda de la simplicidad”, la solución a un problema determinado generalmente radica en unas pocas variables llamadas factores de apalancamiento. Sin embargo, cuanto mayor es la complejidad del problema en cuestión, más escondidos quedan los factores de apalancamiento detrás de patrones superficiales que pueden ser muy engañosos.

9)        No se puede guardar un pastel y comérselo al mismo tiempo

Podemos guardar un pastel en la nevera para comerlo más tarde. Sin embargo, si nos comemos el pastel, éste ya no estará disponible en la nevera para un festín posterior. Esta es una excelente analogía para el uso del dinero, el tiempo y el esfuerzo. Si compramos un carro, el dinero que gastamos en él ya no estará disponible para invertirlo en otras iniciativas. Si dedicamos tiempo a la solución de un problema, ese tiempo específico ya no lo podremos utilizar para resolver otro problema. La moraleja de esta ley es, por supuesto, pensar y actuar estratégicamente (priorizar).

10)     Dividir un elefante por la mitad no genera dos elefantes pequeños

Dividir un gran problema en fragmentos más pequeños y manejables es el primer paso para resolverlo. Sin embargo, no debemos olvidar que los problemas fragmentados, y sus respectivas soluciones, se afectan entre sí, dándole forma definitiva al problema original. Es crucial mantener una visión sistémica. De esta forma, no nos dejaremos confundir por la aparente simplicidad de cada fragmento del problema por separado.

11)     No hay culpa

Si alguien descubre un problema y se niega a participar en su solución, se convierte en cómplice a partir de ese momento, aun cuando no lo haya causado. Si, además de negarse a participar en la solución, el individuo decide culpar a los demás y exigirles solución sin dignarse a participar, el problema indudablemente empeorará. Si todos deciden comportarse de la misma manera, el problema se hará crónico y causará complicaciones adicionales. La clave para salir de este círculo vicioso es asumir la responsabilidad por la solución del problema, no necesariamente el problema en sí. Este es el camino de la responsabilidad sin culpa.

Cada vez que nos encontremos atrapados en un problema sin solución visible, resulta muy útil preguntarnos cuál de las 11 leyes estamos ignorando o tratando de romper. La respuesta nos acercará notablemente a la solución.

¿Qué opinas?

Ahora es tu turno. ¿Qué piensas acerca de las 11 leyes de Senge? ¿Cuál ley te parece la más interesante? ¿Cuál ley crees que la gente rompe con mayor frecuencia y por qué?