Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta.

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Ya comenzó el nuevo año. Poco a poco nos vamos incorporando a nuestras actividades, prendiendo los motores y adaptándonos al día a día. Este es un período de alto riesgo, ya que nuestros hábitos comienzan a reactivarse, creando gradualmente una fotocopia del pasado. Si de verdad queremos que este año sea mejor que el anterior, necesitamos reevaluar nuestros hábitos.

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Debemos suspender nuestros hábitos negativos y sustituirlos por nuevas conductas positivas que gradualmente se transformen en nuevos hábitos. De la misma forma, es altamente recomendable reevaluar nuestros hábitos positivos e introducir mejoras que sean pertinentes y relevantes.

La mejor forma de hacer esto es mediante la auto-observación y la auto-definición. La capacidad de verse a uno mismo en acción y no dejarse envolver por el entorno es la clave de la transformación. No se trata de volverse un rebelde sin causa; se trata de transformarse en un individuo consciente, responsable y creador. Dos cosas muy distintas, pero muchas veces confundidas.

Muchas personas se definen así mismas en términos del ritmo y las demandas de su entorno. Es como si fueran un fiel reflejo de sus alrededores. Se adaptan con facilidad e incluso pueden desempeñarse con éxito, pero en el centro de su alma se sienten asfixiadas. No han logrado encontrarse. Todavía no saben quiénes son.

Hace unos quince años yo me sentí exactamente así: exitoso pero sofocado; adaptado pero perdido. En esos días tuve la fortuna de leer las siguientes palabras de Carl Gustav Jung: “Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta”. Estas palabras cambiaron mi vida, ya que le hablaron directamente a mi alma. Me di cuenta que llevaba mucho tiempo mirando hacia afuera. Así comenzó mi proceso de suspensión, sustitución y mejoramiento de hábitos. Un proceso que aún continúa, y, sin duda, continuará toda mi vida. Un proceso que me llevó a cambiar mi ruta profesional y mi vida como un todo.

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Fue este proceso personal y profesional el que me llevó a escribir La Parábola del Salón como introducción a La Séptima Distinción. Espero que la disfruten.

La Parábola del Salón

Un exitoso profesional se sentía agobiado y debilitado por sus muchas obligaciones. Después de mucha reflexión, decidió consultar a un maestro espiritual que vivía cerca. Una vez allí, el Maestro le pidió que se sentara y observara detenidamente el salón donde estaban. El hombre, asumiendo que sería interrogado sobre los contenidos del aposento, trató de memorizar la mayor cantidad de detalles. El Maestro no interfirió. Al rato, el Maestro le pidió que cerrara los ojos e inquirió: ‘¿Tienes los ojos completamente cerrados?’. El hombre, un tanto emocionado, respondió: ‘Sí’. Entonces, el Maestro le preguntó: ‘¿Qué ves?’. El hombre, un poco más emocionado, manifestó: ‘Veo el salón’.  A esto, el Maestro replicó: ‘Ese es tu problema’. El hombre, confundido, no pudo evitar abrir los ojos  e indagó: ‘¿Qué quiere decir?’. El Maestro contestó: ‘Permites que el mundo exterior defina tu mundo interior. Tan es así, que cuando cierras tus ojos aún ves tus alrededores. Siempre sabes dónde estás, pero difícilmente sabes quién eres. Siempre te adaptas bien, pero estás aquí porque olvidaste quién eres’. ‘¿Qué debo hacer?’, preguntó el hombre. El Maestro respondió: ‘De ahora en adelante, cuando cierres tus ojos, ve más allá de la estampa del exterior. Ese será tu nuevo comienzo’.

¿Qué Opinas?

Ahora es tu turno. ¿Cuán libre o atrapado te sientes en el día a día? ¿Sientes que tu vida adulta es el producto de haber arrastrado expectativas, paradigmas y hábitos de tu niñez y adolescencia? ¿Te gustaría cambiar algunas de esas expectativas, paradigmas y hábitos? ¿Alguna vez te has reinventado?

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