Zombis Corporativos: Un especial de Halloween

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Según la mayoría de las escuelas de filosofía y tradiciones religiosas, los seres humanos estamos compuestos de dos partes fundamentales: el alma y el cuerpo físico. De acuerdo con este arquetipo, el alma es la energía divina que anima al cuerpo y le proporciona vida consciente más allá de sus funciones fisiológicas e instintos básicos.

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Como una extensión lógica de este arquetipo, las personas siempre se han preguntado si es posible que el alma y el cuerpo vivan por separado. Por una parte, todas las religiones del mundo se han enfocado continuamente en tratar de explicar qué ocurre con el alma después de la muerte del cuerpo físico. Por otra parte, algunas culturas del pasado y del presente han tratado de descubrir si es posible que el cuerpo físico viva sin el alma. Estas indagaciones han dado lugar a varios mitos sobre los muertos vivientes, cuerpos humanos sin alma que vagan por el campo e incursionan en ciudades comportándose de forma extraña, caminando con rigidez y alimentándose de seres vivos. Los muertos vivientes, comúnmente conocidos como zombis, además de ser una premisa popular para novelas y películas, también revelan un lado muy profundo de la psiquis humana.

Etimología de la palabra zombi

Se cree que la palabra zombi viene de los términos nzambi (que significa ‘un dios’) y zumbi (que significa ‘fetiche’) en la lengua kikongo, hablada en la República Democrática del Congo. La historia de cómo estos términos se combinaron para significar muertos vivientes es muy interesante.

Como resultado del Comercio Transatlántico de Esclavos (siglos 16 al 19), aproximadamente 12,5 millones de africanos fueron trasladados a América para trabajar en las plantaciones de las diferentes colonias europeas. Al ser desterrados, los cautivos llevaron consigo sus creencias religiosas, las cuales les dieron la fortaleza espiritual y resistencia psicológica necesarias para soportar tan inefable y horrible experiencia.

Al llegar al Nuevo Mundo, los esclavos se dieron cuenta de que las leyes locales que regían la esclavitud eran mucho más explotadoras y deshumanizantes que las de África. Además, fueron cristianizados a la fuerza y la práctica de sus religiones nativas fue declarada ilegal. En consecuencia, comenzaron a celebrar sus rituales clandestinamente.

En Haití, la religión Vodún, originaria de África Occidental, se convirtió progresivamente en lo que se conoce hoy como Vudú Haitiano. La nueva religión local, manteniendo sus raíces africanas, evolucionó para ofrecerles a los cautivos diferentes canales para que expresaran cómo se sentían en el día a día. Uno de dichos canales fue la figura mítica del zombi, la cual consistía en un cadáver mágicamente revivido por un maestro hechicero, quien mantenía total control sobre la criatura. La palabra zombi pudo haber sido inspirada por la creencia de que la creación y control de tal espécimen era un fetiche (zumbi) que sólo podían satisfacer aquellos con poderes divinos (nzambi). Los zombis eran descritos como cuerpos sin alma, utilizados por sus amos para realizar trabajos manuales y tareas cotidianas. No tenían libre albedrío y, de una manera muy freudiana, se pueden considerar una desgarradora metáfora de la esclavitud.

Zombis de la vida real

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En el mundo moderno, se puede hablar de la existencia del Vudú Corporativo. Es decir,  de los ambientes organizacionales en los que, a pesar de promoverse verbalmente el liderazgo, la excelencia, la innovación y otros principios, en realidad se obliga a los empleados a transitar un camino de perspectiva limitada y conformismo. En este sentido, es urgente reconocer que el conformismo es una enfermedad silenciosa que fomenta la mediocridad y, tarde o temprano, causa el fracaso. De manera similar, el Vudú Corporativo suele convencer a sus seguidores de que las maniobras políticas son más valiosas que el talento y el trabajo, debilitando así el entusiasmo y compromiso de los empleados más efectivos y perjudicando los resultados. En resumen, las organizaciones bajo el hechizo del Vudú Corporativo afirman luchar por la grandeza, pero en realidad llevan a su gente a comportarse como zombis.

En general, cuando las personas empiezan a aceptar lo inaceptable, hacer lo que no debe hacerse y a defender lo indefendible, es porque han perdido sus almas y se han convertido en “zombis”. Puede que no caminen con rigidez, apesten a distancia o hablen ininteligiblemente, pero sí han abandonado su conciencia por el miedo a perder sus puestos de trabajo o por la ambición de ascender en la jerarquía organizacional.

El antídoto contra los zombis

Esta noche de Halloween, cuando disfraces a tus hijos de zombi, recuerda que, a pesar de lo divertido del disfraz, la posibilidad real de convertirnos en “zombis” corporativos nos asecha a diario. Eso es lo que yo llamo aterrador. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad mantenernos fieles a nosotros mismos y no dejar que nuestro entorno nos robe nuestros sueños y debilite nuestra voluntad de hacer del mundo un lugar mejor.

¡Feliz Halloween!

¿Qué opinas?

¿Alguna vez te has sentido como un “zombi”? ¿Has sentido en alguna ocasión que alguien está tratando de convertirte en uno? ¿Conoces a alguien que te recuerde un “muerto viviente” por su manera de actuar? ¿En tu opinión, cuál es el mejor antídoto contra la “zombificación”?


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