5 inesperadas lecciones de emprendimiento de Albert Einstein

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En palabras de Sumner Redstone, “El éxito no se construye sobre el éxito. Se construye sobre el fracaso. Se construye sobre la frustración. A veces se construye sobre la catástrofe”. Thomas Edison nos ofreció un relato menos dramático, pero esencialmente parecido, con su famosa cita: “Yo no fracasé mil veces. La bombilla fue un invento que requirió mil pasos”. En cierto modo, muchas de las invenciones más grandiosas de la historia han estado precedidas por adversidades aún mayores. Lo mismo puede decirse de Albert Einstein, cuyo apellido se ha convertido en sinónimo de genio.

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Para muchos, Einstein es el científico más grande que jamás haya vivido; un superdotado entre simples mortales. Sin embargo, una colección única de cartas y documentos de Einstein nos revela una historia de lucha y fracaso que nos recuerda que más que genio, fue humano. Estos documentos nos regalan un vistazo a la dinámica psíquica y emocional subyacente de una de las mentes más grandes de la humanidad. Con base en dichos textos, a continuación, les presento cinco lecciones de emprendimiento que todos podemos aprender de Albert Einstein.

1. Hasta los genios se equivocan.

Sólo porque Einstein es considerado un genio no significa que siempre tuvo la razón. El mejor ejemplo de esto se encuentra en la implicación central de la teoría cuántica: el universo se basa en probabilidades, no en absolutos. Einstein tuvo dificultades para aceptar esta teoría, lo que se puede constatar en los ahora famosos debates entre Einstein y Bohr, donde Einstein declaró: “Dios no juega a los dados con el universo”, a lo que Bohr contestó hábilmente: “¡Einstein, deja de decirle a Dios qué hacer!”

2. Leer es bueno.

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Es importante empaparse de la manera de pensar de otras personas, especialmente aquellas que se han tomado el tiempo de articularlas con lógica y estilo mediante la palabra escrita. Claro está que hay libros bien escritos y mal escritos, interesantes y fastidiosos, sensatos y estúpidos. Pero mientras más leamos, aumenta la probabilidad de encontrar aquellos libros que, leídos en el momento adecuado, tienen un efecto verdaderamente profundo en nuestra perspectiva de la vida. Entonces, ¿qué libros podrían haber intrigado a Einstein, uno de los genios más grandes de la humanidad? Uno de tales textos fue Tratado sobre la naturaleza humana de David Hume, un filósofo escocés. En una de sus cartas, Einstein admitió que la lectura de esta obra le ayudó a formular su famosa teoría de la relatividad especial. Eso es lo que la lectura puede hacer por nosotros; puede ayudarnos a formular nuevas ideas mientras aprendemos acerca de los pensamientos, emociones, acciones y resultados de otros.

3. Asumir desafíos.

Una de las cualidades más definitorias de Einstein fue su capacidad de conceptualizar ideas científicas complejas mediante la visualización de escenarios extraordinarios, pero potencialmente reales. Los llamó experimentos de pensamiento. Al leer sobre tales lucubraciones, es evidente que Einstein no sacó sus notables teorías de la nada. Los escenarios que se imaginaba lidiaban con las variables más complejas y elusivas de la física, y contemplarlas todas al mismo tiempo es sencillamente cosa de genios. Sin embargo, cometió muchos errores antes de resolver los acertijos que imaginaba, y luego incurrió en equivocaciones adicionales antes de traducirlos en las ecuaciones correctas, incluyendo la icónica E = mc2, que incluso aquellos que detestan la física encuentran difícil de olvidar.

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Einstein logró sus conquistas intelectuales siendo persistente. Se hacía preguntas como esta: “¿Alguien vería su propio reflejo en un espejo si viajara a la velocidad de la luz? De ser así, ¿sería el reflejo más grande o más pequeño?”. Al formular preguntas como estas de diferentes maneras para abordar la misma incógnita desde diferentes ángulos, gradualmente revelaba los secretos más desconcertantes del universo. La importancia de esta metodología se resume en una de las frases más famosas de Einstein: “El verdadero signo de la inteligencia no es el conocimiento sino la imaginación”.

Antes de que sus postulados fueran ampliamente aceptados por la comunidad científica, Einstein pasó décadas investigando y defendiendo su trabajo. Y, una vez probadas sus teorías de la relatividad especial y la relatividad general, Einstein no dejó de buscar desafíos adicionales y más difíciles. Su objetivo final era unir las fuerzas del electromagnetismo y la gravedad bajo un solo marco teórico, que también incorporara la teoría de la mecánica cuántica. Esta búsqueda se convirtió en una serie de callejones sin salida, permaneciendo aún sin alcanzar, lo que sirve como recordatorio de su genialidad y ambición. Si alguna vez hubo un ícono del emprendimiento en la ciencia, ese es Albert Einstein.

4. Convertir debilidades en fortalezas.

Siendo ya un adulto, Einstein se había adaptado, hasta cierto punto, a la cuestión social. No obstante, durante su infancia le costaba relacionarse con otros niños en la escuela y, en palabras de su hermana menor, era renuente a conversar. Años después, él mismo revelaría que le resultaba considerablemente difícil recordar palabras.

Expertos en psicología como Simon Baron-Cohen han planteado la hipótesis (no compartida por otros especialistas) de que Einstein podría haber sufrido del síndrome de Asperger (AS), una forma más leve del autismo. Los afligidos con AS se caracterizan por ser socialmente indiferentes, emocionalmente desapegados y exhibidores de comportamientos socialmente inadecuados, que incluyen falta de empatía por los demás y falta de reciprocidad social y emocional. Einstein también podría haber sufrido de problemas de comunicación no verbal y torpeza motora. Pero otro aspecto del Síndrome de Asperger es un interés obsesivo en un solo tema u objeto. Así, mientras Einstein mostraba poco interés en socializar, disfrutaba de la soledad y hacía buen uso de ella ejercitando su brillante genialidad. De esta manera, con su ilimitada curiosidad, prodigiosa imaginación y superlativa habilidad para concentrarse, logró descifrar los misterios más ocultos del universo, cambiando así la cosmovisión de la humanidad para siempre.

5. El entorno es importante.

Debemos prestar mucha atención a dónde y con quién pasamos la mayor parte del tiempo. Como se puede ver claramente en los 15 manuscritos y 33 cartas escritas por Einstein entre 1933 y 1954, las cuales fueron subastadas en la Feria del Libro Antiquarian de Londres por US $ 1,5 millones en 2006, sus años de estudiante estuvieron llenos de enfrentamientos y fricciones. Sus relatos dejan claro que no se sentía cómodo ni en la secundaria ni en la universidad, donde sus ideas a menudo chocaban con sus profesores que estaban más en sintonía con las normas en lugar de pensar fuera de la caja. No fue hasta que Einstein encontró un trabajo en la Oficina de Patentes de Bern, Suiza, que logró hacer importantes avances, no sólo en física sino también en matemáticas y filosofía. El punto es que la confrontación y antagonismo permanentes engendran estancamiento. Dondequiera que desees pasar tu tiempo, cerciórate de que estés rodeado de gente positiva que estimule tu ingenio y creatividad.

Nota final:

El trabajo de Einstein ha cambiado la forma en que los físicos ven el tiempo, el espacio, la gravedad y la luz. Por ello, Einstein se consagró como uno de los más grandes científicos de la historia, junto a Galileo Galilei y Sir Isaac Newton. Pero tales logros se deben no sólo a que fue un genio, sino también a su admirable perseverancia ante desafíos de todo tipo, tanto personales como profesionales. De hecho, tal como lo muestran sus propias cartas y declaraciones, Einstein fue un hombre con muchos defectos. Sin embargo, nunca se rindió, ya que su voluntad y determinación fueron inquebrantables.

Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com.


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