5 poderosas lecciones de emprendimiento de Henry Ford

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Henry Ford, el fundador del fabricante automotriz Ford Motor Company, es ampliamente reconocido no sólo por sus logros empresariales, sino también por su forma de pensar y liderar. Su legado está lleno de poderosas frases, anécdotas y enseñanzas que colectivamente apuntan hacia una exitosísima filosofía de emprendimiento. Pocas otras figuras causan tanta admiración en el terreno de los negocios, la manufactura y las ventas. Con esto en mente, echemos un vistazo a estas cinco lecciones de emprendimiento de Henry Ford.

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1) Sé tan bueno en lo que haces que la gente piense que lo inventaste.

Henry Ford es, a menudo, acreditado como el inventor del automóvil, lo cual no es ni remotamente cierto. Sin embargo, Ford sí le dedicó casi toda su vida a la fabricación y mejoramiento de este emblemático invento, y fue instrumental para su introducción en la cultura estadounidense y mundial. Por ello, regularmente recibe crédito por inventarlo.

No se trata de robarle crédito a los demás. Eso carecería de toda ética. Se trata de hacer nuestro trabajo con tal pasión y excelencia que el producto de nuestro esfuerzo se convierta en una parte inextricable del mercado al que servimos. Por ejemplo, Al Gore es, en ocasiones, acreditado con inventar el Internet (a pesar de que sólo promovió su desarrollo en un sentido jurídico). Igualmente, el afamado director de cine Stanley Kubrick es, con frecuencia, referido como el inventor de los efectos visuales computarizados por su trabajo en “2001: Una Odisea del Espacio” (a pesar de que no utilizó imágenes computarizadas en dicha película, pero sí sentó las bases para que éstas pudieren crearse en el futuro). Estos ejemplos sirven para ilustrar que, si nos involucramos con pasión en nuestro trabajo y nos desempeñamos con la excelencia que otros no pueden (o no quieren) alcanzar, seremos reconocidos como pioneros en nuestro campo.

El objetivo es aprovechar nuestro potencial, liberar nuestro talento y trabajar en lo que nos inspira. Cuando lo hacemos, veremos cómo los demás se contagian con dicha inspiración, ya sea trabajando a nuestro lado o disfrutando de los productos y servicios que ofrecemos.

2) Los fracasos son oportunidades.

Nadie es inmune a los fracasos. Ford falló muchas veces antes de conquistar el éxito, lo cual es algo común entre los empresarios más emblemáticos de la historia. De hecho, una de las características más importantes de la gente exitosa es su capacidad de no desestimar sus fracasos, sino de asumirlos, digerirlos y transformarlos en aprendizaje para el futuro.

Como Ford dijo una vez: “El fracaso es simplemente la oportunidad de comenzar de nuevo, esta vez más inteligentemente”. En otras palabras, debemos ver nuestros fracasos como maestros, no como castigos.

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Naturalmente, a nadie le gusta experimentar el fracaso. Cuando nuestros planes no funcionan, tendemos a sentirnos frustrados y menos optimistas. Por ello, es importante entrenarnos emocionalmente para responder de una forma diferente nuestros desaciertos. Debemos aprender a no enfocarnos en la decepción, sino en la ganancia intelectual. Dentro de cada fracaso hay información valiosa: ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo podríamos abordar los desafíos de manera diferente la próxima vez?

Los fracasos son simplemente una forma de retroalimentación que recibimos en el curso de la experiencia de vida. Nos educan en lo que no funciona y nos sugieren alternativas distintas. Si no prestamos atención y repetimos una y otra vez las mismas acciones, entonces estaremos verdaderamente condenados al fracaso. Pero si cultivamos el hábito de evaluarnos y modificar nuestra enfoque y estrategia según sea necesario, tendremos siempre la oportunidad de triunfar al final.

3) Sé tan bueno detrás de bastidores como en la tarima.

Lo que menos desea un empresario sensato es hacerse famoso antes de consolidar su oferta de productos y servicios. Sería un riesgo altísimo que, de salir mal, lo erradicaría del mercado. Sin embargo, hay quienes anhelan más la fama que cualquier otra cosa, lo que los lleva a vanagloriarse antes de tener algo valiosos que ofrecer. Todos hemos conocido personas así; les decimos que son “puro cuento”.

La mayoría de estos tartufos de los negocios se estrella antes de agarrar vuelo. Sin embargo, algunos logran acumular cierto nivel de riqueza mediante prácticas comerciales oscuras. A pesar de no tener nada de valor que ofrecer, logran entrar y salir rápidamente del mercado arrebatándole dinero a los incautos que caen en su trampa propagandista. Henry Ford era diferente. Ford tenía un compromiso ineludible con la excelencia que se evidenciaba en la calidad de sus vehículos. Su obsesión era la calidad; esto lo transformó en una referencia mundial.

En palabras del propio Henry Ford: “la calidad significa hacerlo bien cuando nadie está mirando”. Su objetivo no era crear expectativas deslumbrantes, sino deslumbrar al exceder las expectativas. Ford nos enseñó que la calidad es el resultado de nuestro compromiso con la excelencia, la atención a cada detalle y el buen juicio al tomar decisiones. Aunque la gente no vea todo este proceso ocurrir, sentirán los beneficios del mismo al comprar nuestros productos y servicios.

4) No seas fanfarrón.

Hay una gran historia sobre Ford y su elección de ropa. Ford era conocido por llevar atuendos modestos e informales y, un día, su secretaria le preguntó por qué no se vestía con más pompa y formalidad. A ello, él respondió con cierta jocosidad que el mundo ya sabía que él era Henry Ford, por lo que no era necesario subrayarlo.

Más tarde, durante una gira mundial, Ford se encontró en tierras extranjeras, donde nadie podía reconocerlo a simple vista. Ante esta nueva circunstancia, su secretaria otra vez le sugirió ropa menos modesta. A esta nueva invitación, Ford respondió que no cambiaría su manera de vestir para impresionar a personas que ni siquiera sabían que él era Henry Ford.

En otras palabras, él no se iba a disfrazar para nadie. Si ya lo conocían, no lo iban a apreciar más por su ropa. Si no lo conocían, no iba a emperifollarse para llamar la atención. Simplemente, se iba a presentar como siempre lo había hecho.

Por supuesto que, para entonces, Ford era ya un hombre rico y famoso que no sentía las presiones del éxito aún no logrado. Algunos podrían considerar que su indiferencia a la imagen personal era una excentricidad resultante de su prestigio internacional. Sin embargo, las convicciones subyacentes a su elección de vestimenta son dignas de considerar. Van de la mano con “hacerlo bien cuando nadie está mirando”. No tiene sentido convertirse en un anuncio ambulante de lujos y parafernalias mientras no se tiene nada valioso que ofrecer. Dediquémonos a servir a nuestros clientes, ya que son ellos quienes realmente importan y los que pagan las cuentas.

5) Un buen negocio hace mucho más que sólo dinero.

“Un negocio que no hace más que dinero es un pobre negocio”, dijo Ford.

Muchas empresas están interesadas principalmente en cobrar en lugar de servir. Se aprovechan de las debilidades de las personas, o peor aún, de sus necesidades más básicas y urgentes. Quienes operan estos negocios pueden disfrutar de muchos lujos, pero siempre vivirán en vergüenza. Puede que no les importe, la pregunta es, ¿a ti te importaría?

Parece haber una creciente creencia de que la única manera de ganar dinero es a través de la falta de ética y la avaricia desmedida. Por ello, es importante recordarle a la gente que es posible ganar dinero como resultado del trabajo y la agregación de valor a los demás. Son innumerables los empresarios que han logrado el éxito financiero porque han desempeñado un papel esencial en la vida de otras personas. En tales casos, la riqueza económica no es el único objetivo, es sólo parte de un proyecto más amplio que incorpora un gran sentido de responsabilidad y compromiso con los clientes.

La gente no recuerda a Henry Ford simplemente como alguien que hizo un montón de dinero. La gente lo recuerda, en primer lugar, como la persona que hizo famosa la línea de ensamblaje y fabricó y vendió excelentes automóviles.

Nota final:

Es importante señalar que el legado de Henry Ford se vio manchado por sus opiniones antisemitas, las cuales diseminó en masa a través del semanario The Dearborn Independent que compró en 1918. Su vehemente discurso en contra de los judíos le ganó tanta atención que incluso Adolfo Hitler lo calificó como una “inspiración” en una entrevista hecha por Detroit News en 1931. Este es un episodio muy oscuro en la vida de este magnate industrial, que le causó muchos problemas en los EE.UU. Después de ser confrontado de diversas formas por diferentes organizaciones judías en ese país, incluyendo demandas y boicots, Henry Ford se disculpó por sus comentarios antisemitas y se retractó de ellos en una carta pública. Curiosamente, todo esto sucedió antes de la Segunda Guerra Mundial.

En su libro Ford: The Men and the Machines, Robert Lacey escribió que, según lo reportado por un cercano colaborador de Ford, cuando le mostraron videos de los campos de concentración nazis, “se enfrentó con las atrocidades que, de manera definitiva e irreversible, pusieron al descubierto la bestialidad del prejuicio al que había contribuido, ante lo cual colapsó con un accidente cerebrovascular, el último y más serio antes de su muerte”.

A pesar de sus equivocaciones y prejuicios religiosos, por los que posteriormente se disculpó y muy probablemente se arrepintió, Henry Ford dejó un legado empresarial indiscutible. Su búsqueda de la integración vertical estableció el modelo a seguir para otros industriales alrededor del mundo. Su planta de River Rouge, el complejo industrial más grande del mundo de ese entonces, se integró verticalmente hasta el punto que podía producir su propio acero. Ford creía que el comercio y la cooperación internacionales conducían a la paz mundial, y utilizó la línea de ensamblaje y la producción del Modelo T para tratar de demostrarlo.

Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com.


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