4 poderosas lecciones de liderazgo de Bruce Lee

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Cuando pensamos en Bruce Lee, probablemente pensamos solo en sus impresionantes habilidades como artista marcial y actor, y en lo prematura que fue su muerte a la edad de 32 años. Lo que no saben muchos es que también fue un líder activo y apasionado; alguien que no solo entrenó a otros, sino que los inspiró en formas profundas y poderosas. He aquí 4 lecciones de liderazgo que podemos aprender del Sr. Lee.

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1) El conocimiento y la disposición no son sustitutos de la acción.

Bruce Lee esperaba más que mero conocimiento y buenas intenciones de sus estudiantes y todo aquel con quien trabajaba. Él demandaba acción. Con frecuencia, les recordaba a sus estudiantes que toda forma de conocimiento debe conducir al autoconocimiento, lo cual, a su vez, debe afectar la forma en que nos expresamos y actuamos. Por ende, podemos concluir que, según Lee, si el conocimiento no se traduce en acción, entonces es un conocimiento falso o inútil.

En palabras de Johann Wolfgang von Goethe, “Saber no es suficiente; debemos aplicar. Querer no es suficiente; tenemos que hacer”. Bruce Lee gustaba mucho de esta frase; tanto así que la mencionaba mucho en conversaciones y entrevistas, llevando a muchos a pensar que era de su propia cosecha.

Cuando estamos en una posición de liderazgo, ciertamente debemos entrenar a aquellos con quienes trabajamos e inspirarles moral y espiritualmente. Sin embargo, nuestro liderazgo sólo estará completo cuando les inspiremos a tomar acciones específicas para lograr los objetivos planteados.

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Observemos bien a nuestro equipo. ¿Está en movimiento? ¿Es productivo? ¿Es sobresaliente? ¿Está superando obstáculos o evadiéndolos? Todas estas son preguntas importantes. Si el equipo está bien instruido y tiene una buena actitud, pero no traduce todo eso en rendimiento, entonces no estamos ejerciendo un liderazgo efectivo. A final de cuentas, los resultados son los que importan, y, para lograrlos, hay que volcarse a la acción.

2) En la peor de las adversidades, redescúbrete y recalíbrate para que puedas ser la mejor versión de ti mismo, independientemente de las circunstancias.

En una ocasión en 1970, Lee estaba intentando hacer un ejercicio llamado “buenos días”. El movimiento consiste en sostener una barra en los hombros e inclinarse hacia adelante mientras se mantienen la espalda y las piernas rectas. En el proceso, el pobre Lee se lastimó la espalda.

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Su recuperación fue larga y lenta. Pero, en lugar de entregarse a la inactividad, utilizó ese tiempo para producir una serie de escritos; todos sobre su tema favorito: las artes marciales.

Lo que no podía hacer con su cuerpo, lo describió con palabras, creando pasajes escritos que serían de beneficio para muchos, los cuales fueron recogidos en su libro El Tao del Jeet Kune Do (publicado después de su muerte en 1973).

La lección aquí es usar siempre los recursos que tengamos a la mano, incluso cuando nos encontremos con obstáculos o limitaciones. Los buenos líderes saben inspirar ese tipo de conductas en sus equipos. Si el equipo se siente decaído o quebrantado de salud, se puede trabajar la fortaleza mental y emocional. Y si el equipo está demasiado débil o agotado como para ejercitarse en esas áreas, entonces se puede socializar, ver una película y fortalecer los lazos.

El punto es siempre hacerse útil. Los líderes tienen que ser pragmáticos, poner los pies sobre la tierra y utilizar la creatividad ante las dificultades. Cuando los obstáculos se cruzan en nuestro camino, debemos ver de inmediato cómo los podemos superar. La clave es mantenernos en movimiento; seguir siendo relevantes y útiles en todo momento.

3) Sólo se está vencido cuando uno lo acepta.

Todo equipo experimenta derrotas. Ya sea en el mundo de los negocios, los deportes, las artes o cualquier otro, los equipos de trabajo se tropiezan, se caen y se desalientan. Está en nosotros, como líderes, establecer un tono de aprendizaje y oportunidad que nos permita reestablecer la moral y realinear los esfuerzos para continuar la lucha.

En palabras de Bruce Lee: “La derrota es un estado de ánimo; nadie está derrotado hasta que la derrota haya sido aceptada como una realidad”.

Es importante, sin embargo, no confundir la opinión de Lee sobre la derrota con una negación ingenua de la realidad. Desde una posición de liderazgo, la realidad, ya sea positiva o negativa, nunca debe ser ignorada ni negada. Lo importante es mantener el foco de nuestros pensamientos, emociones y acciones en nuestra visión; y no dejar que sea una mera reacción a la realidad.

Cuando nuestro equipo tropieza y cae, recordemos nuestros planes y metas en curso, así como las tendencias existentes que apuntan a conclusiones positivas. Recordémosle al equipo que, a pesar de los días oscuros, pronto llegará la claridad. Las palabras de quien ejerce liderazgo sí importan.

4) El aprendizaje humano consiste en cambiar visiones, posiciones y acciones; no en acumular conocimientos.

Lee compartió una vez la idea de que “el aprendizaje nunca es acumulativo, sino un movimiento de conocimientos que no tiene principio ni fin”.

Cuando pensamos en estas palabras, podemos ver la verdad claramente reflejada en ellas. La mente humana no funciona de manera acumulativa, almacenando cada vez más información como datos en un disco duro. La mente humana opera de maneras mucho más matizadas y sutiles. Cuando adquirimos nuevos conocimientos, los mismos reemplazan a los anteriores, causando una reconfiguración de las conexiones cerebrales que modifica nuestra conciencia y perspectiva. Ya sea que estamos hablando de éxito empresarial, desarrollo espiritual o cualquier otro tema, los nuevos conocimientos nos hacen reinterpretar la realidad de maneras que nos llevan a cambiar nuestras acciones, ya sea leve o profundamente. El aprendizaje no es acumulativo; es “reconfigurador”.

Adicionalmente, es importante acotar que el proceso de aprendizaje requiere tiempo para que haya cambios relevantes en nuestra forma de pensar y actuar. En este sentido, el aprendizaje es un poco oscilatorio: entramos y salimos de nuevos estados de conciencia de la misma forma que la marea sube y baja según el ciclo lunar. A veces estamos claros sobre todos los nuevos conocimientos que hemos adquirido, todos presentes en nuestro nuevo estado de ser. Otras veces, sin embargo, estamos algo perdidos, menos enfocados y más inseguros, como si el nuevo conocimiento fuera la causa de la confusión más que cualquier otra cosa. A menudo, estamos en algún punto intermedio. Sea como sea, en todo momento estamos dejando que el nuevo conocimiento nos redefina. Siempre estamos aprendiendo.

Dicho esto, no esperemos que nuestro equipo memorice inmediatamente todas y cada una de las lecciones que tienen por delante, y mucho menos esperemos que su crecimiento ocurra de manera lineal. A veces, las lecciones se asimilan rápidamente, otras veces no. Igualmente, lo que un miembro del equipo recuerda con facilidad, otro lo olvida. Lo importante es tener en cuenta que el aprendizaje es un proceso interminable, continuo y abierto. Cuando confiamos en que el aprendizaje ocurra de esta manera, tendremos más confianza en nuestro equipo y su potencial para el progreso. Del mismo modo, nuestro equipo nos tendrá más confianza como líderes.


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